Francisco Fernández González ha estado involucrado en temas sociales desde que era un niño. Primero, gracias a su familia que siempre le inculcó el valor de ayudar a los demás y luego, con la iglesia católica que lo hizo sensible a lo que pasaba a su alrededor. 

Cuando este ingeniero industrial terminó su carrera, tomó una decisión determinante: se fue a hacer un año de apostolado. Esta experiencia que él denomina “una maestría de la vida”, lo impulsó a trabajar en organizaciones que tuvieran un impacto positivo en la sociedad y que, a la vez, fueran una plataforma para su profesión.

Tras vivir unos años en el extranjero, Francisco regresó en el 2011 a Monterrey y se encontró con una ciudad sumergida en una profunda crisis de inseguridad que había cambiado su rostro radicalmente. 

“Entonces, un grupo de ciudadanos de Monterrey, que habíamos trabajado en fundaciones y organizaciones con distintos propósitos sociales, coincidimos en que era necesario buscar una estrategia para contribuir a resolver la problemática por la que estaba atravesando la ciudad en ese momento”.

Fue así como en marzo de 2012, gracias a la orientación de la Alianza de Fundaciones Comunitarias de México – Comunalia, y el capital semilla aportado por la empresa Frisa, se concretó la fundación de COMUNIDAR, una fundación comunitaria basada en un modelo probado de filantropía estratégica que busca maximizar el impacto de inversionistas sociales en el estado de Nuevo León, México.

“El primer reto que nos encontramos en el camino fue, naturalmente, abrirnos camino entre los empresarios existentes y, sobre todo, cómo cobrar por nuestros servicios. La gente no está acostumbrada a que te cobren por asesorarte para hacer el bien, para donar”, señala Fernández, quien actualmente es el presidente de COMUNIDAR. 

El recorrido lo comenzaron en la Cámara de la Industria de Transformación de Nuevo León, CAINTRA, con la creación de un fondo filantrópico que se nutrió de los aportes voluntarios de todos los asociados, para otorgar becas en capacitación técnica de jóvenes de escasos recursos.

“Fuimos conformando un portafolio de casos de éxito que nos permitió  llegar a más compañías para asegurarles que con nuestro trabajo de asesoramiento y acompañamiento sobre el destino de sus inversiones en temas sociales, iban a lograr tener el impacto que deseaban”. 

El segundo reto fue el de ‘agrandar el pastel’, esto es fomentar la cultura filantrópica en el estado y aumentar su cantidad de inversionistas sociales. Para lograrlo, decidieron que COMUNIDAR no solo asesoraría a grandes inversionistas que podían tener un impacto significativo en la región, sino también, a aquellos que apenas están empezando. “Nuestro motor es desarrollar al inversionista social para involucrarlos activamente en la ejecución del impacto en nuestra sociedad”. 

En ocho años de trabajo, COMUNIDAR ha administrado y asesorado a 81 iniciativas sociales, acompañado a 17 fundaciones empresariales y beneficiado de manera directa a 467.331 personas. Tan solo este año, la fundación registró la movilización de 144 millones de pesos mexicanos hasta el mes de abril, un crecimiento enorme comparado con los 8.1 millones movilizados en su primer año de funcionamiento.

Entre los casos de éxito se encuentra Whirlpool, a quien COMUNIDAR asesoró en el diseño de su causa bandera que busca mejorar la calidad de vida de niños y jóvenes que viven en casas hogares a través de un modelo que permite resolver condiciones de salud e identidad de los habitantes. 

Además, COMUNIDAR trabaja en la creación de diversos fondos con los cuales impulsa y respalda iniciativas ciudadanas. Este modelo, que encuentra su origen en el deseo de ayudar de la comunidad, ha proliferado en los últimos meses como una respuesta a la pandemia por la que atraviesa el planeta. 

Entre los más destacados se encuentran Unir y Dar, un movimiento enfocado en contener la emergencia de salud, económica y social en el estado de Nuevo León, a través de diversos esfuerzos de solidaridad concentrados, y San Pedro Beauty Project, impulsado por el municipio de San Pedro Garza García, que apoya al personal de la industria de la belleza que quedó en situación vulnerable ante la contingencia del COVID-19, por medio de tarjetas de vales, que pueden ser canjeadas en tiendas de autoservicio.

“COVID-19  ha resaltado la relevancia de una fundación comunitaria”, señala Francisco Fernández. “Muchas veces, las organizaciones globales carecen de sensibilidad local. Las fundaciones comunitarias, por un lado, logran identificar las necesidades elementales de la comunidad, y por otro, tienen esa conexión con los actores locales que, a final de cuentas, son los que conocen de primera mano el entorno en el que viven. Esa es la médula y la razón de ser de COMUNIDAR: entablar una relación entre el inversionista social y la sociedad”, concluye.