24 agosto 2020 Azai Consultores

LA LÓGICA DE LA FILANTROPÍA COMUNITARIA

Todo comenzó con la preocupación de un mexicano que, ante la llegada del COVID-19 a México, temió por la vida de sus padres. Su instinto de supervivencia le dijo que era conveniente conseguir, cuanto antes, un respirador para tenerlo en caso de emergencia, pero luego se dio cuenta de que, en ese momento, acaparar cualquier tipo de equipo médico para uso particular era un acto de egoísmo; en algún punto, cientos de personas en Monterrey iban a necesitar de uno para sobrevivir. Entonces su lógica cambió de rumbo. Quizá él, desde su empresa de manufactura, podría fabricar respiradores para más personas.

“Entonces, desde COMUNIDAR, decidimos coordinar la creación de un fondo para recibir las donaciones de todos los empresarios que estaban interesados en impulsar la idea de este hombre y así nació UNIR Y DAR”, cuenta Francisco Fernández González, presidente de COMUNIDAR, una fundación comunitaria mexicana con sede en Monterrey, México.

Cuando se habla de filantropía, el primer imaginario que se viene a la cabeza es el de una organización o persona que dona recursos a una población vulnerable. Sin embargo, el concepto de filantropía comunitaria desdibuja esa relación donante-beneficiario, al encontrar su esencia en la solidaridad y en la motivación de una comunidad por ayudarse mutuamente, a través de proyectos que contribuyan al desarrollo local.

“Muchas veces, las acciones de filantropía realizadas por las organizaciones globales, y que en efecto logran un impacto grandísimo, carecen de sensibilidad local. Esta es la razón por la que cada vez más, los inversionistas se están interesando en las causas locales, esas que tocan su barrio, su ciudad, su región. En esto radica el valor más grande de la filantropía comunitaria. En el deseo por atender las necesidades más elementales de la sociedad y en la conexión con los actores locales, que son los que cuentan con el liderazgo para movilizar causas y recursos dentro de la comunidad”, dice Francisco Fernández.

En este escenario filantrópico, añade el presidente de COMUNIDAR, los inversionistas sociales buscan canales como las fundaciones comunitarias, cuya cercanía con la población les permite reconocer dónde están esos focos que verdaderamente pueden beneficiar, con un efecto a corto, mediano y largo plazo, al desarrollo local. “Esto es algo que difícilmente una organización global va a lograr identificar, desde una oficina a 10 mil pies de altura”.

De acuerdo con Jenny Hodgson, directora ejecutiva del Fondo Global para Fundaciones Comunitarias (GFCF) y Anna Pond, consultora gerencial para fundaciones privadas, instituciones de educación superior y organizaciones sin fines de lucro, la lógica detrás de la filantropía comunitaria es poderosa y simple. Esta se fundamenta en la premisa de que “toda comunidad tiene recursos propios (dinero, habilidades, conocimientos, redes, etc.) que, al agruparlos, fortalecen el poder y la voz de sus integrantes”.

Al unir esfuerzos con los inversionistas sociales y poner sus recursos al servicio de la comunidad, plantean Hodgson y Ponds, las personas empiezan a sentirse como co-inversionistas y, en consecuencia, se interesan más porque las ayudas lleguen a las personas indicadas y por la protección de los intereses colectivos.

Como resultado de este proceso, se crean dinámicas de poder y de rendición de cuentas más equitativas, basadas en la confianza y en la transparencia, que resultan sostenibles en el tiempo. “Liberar la influencia de las comunidades locales, sus organizaciones y recursos no solo es lo correcto sino que también es lo más efectivo”, señalan.

Hoy, más que un fondo, Unir y Dar es un movimiento que canaliza todos esos esfuerzos provenientes de la sociedad, para mitigar la emergencia de salud, económica y social del estado de Nuevo León, a través de tres grandes acciones: #RespiraNL que apoya con insumos médicos al sistema de salud; #AbrazaNL que contribuye a las necesidades básicas de las familias vulnerables por pérdida de empleo, y #ReactivaNL que fomenta la economía de la comunidad reactivando fuentes de trabajo.

“A partir de la inquietud de una sola persona por atender su ‘metro cuadrado’, todos los actores de la región se unieron alrededor de acciones filantrópicas.  Y eso ha contribuido a que, hoy por hoy, Nuevo León sea uno de los estados mejor preparados del país para enfrentar la pandemia”, concluye Fernández.