8 julio 2020 Azai Consultores

FILANTROPÍA COMUNITARIA EN EL MUNDO

En el sur del Sinaí, Egipto, los agricultores beduinos cavan pozos, mejoran sus escuelas y se registran para votar. Las comunidades indígenas de la Amazonía plantan árboles, aprenden nuevos métodos de cultivo de cacao y gestionan proyectos para cosechar agua de lluvia. Donantes locales y ONGs se unen en Bolu, Turquía, para recaudar fondos que les permita construir un centro educativo. Los jóvenes en Ciudad Juárez, México, aprenden habilidades de liderazgo para dar forma a alternativas al narcotráfico y la violencia.

Estos son algunos de los casos investigados y escritos por Barry Knight y Andrew Milner, para una serie producida por la Alianza Global para la Filantropía Comunitaria y apoyada por la Fundación C. S. Mott, que evidencian cómo las comunidades, con el apoyo de diversas organizaciones, están impulsando su propio desarrollo a través de acciones de filantropía comunitaria.

Si bien, el movimiento de la filantropía comunitaria comenzó hace más de 100 años con la creación de la primera fundación comunitaria en 1914, en Cleveland, Ohio, en las últimas tres décadas, este ha experimentado un crecimiento significativo, que se ha extendido más allá de su base original en Norteamérica, para llegar a economías en desarrollo y emergentes alrededor del mundo.

Al año 2014, el proyecto Community Foundation Atlas, un directorio que recoge información sobre las fundaciones comunitarias a nivel global, estimó que existían 1.876 fundaciones locales formalmente consolidadas: 1.033 ubicadas en América del Norte, 671 en Europa, 63 en Asia, 56 en Oceanía, 33 en África y 12 en América del Sur.

Community Foundations Atlas

Según el ‘2010 Global Status Report on Community Foundatións’ elaborado por Worldwide Initiatives for Grantmaker Support (WINGS), entre 2000 y 2010, las fundaciones comunitarias crecieron en un notable 86%, con un promedio de 70 nuevas instituciones por año. Dicho crecimiento, señala el informe, se atribuye a una serie de factores, entre los que se incluyen la existencia de organizaciones de apoyo al desarrollo del sector, un esquema organizacional flexible, la  disponibilidad de financiamiento a largo plazo y la propagación de esfuerzos que fomentan la construcción de la sociedad civil en todo el mundo.

Este crecimiento es, también, una respuesta de las comunidades por abordar fenómenos como el cambio climático, la migración, la recesión mundial y las crecientes brechas de desigualdad que están afectando directamente a sus territorios.

Este efecto multiplicador fue una de las razones para que, en diciembre de 2016, se llevara a cabo la primera Cumbre Global sobre Filantropía Comunitaria realizada en Johannesburgo, Sudáfrica, que reunió cerca de 350 participantes de 62 países, para compartir las experiencias que se están llevando a cabo alrededor del mundo en este campo y enviar una invitación global a trabajar conjuntamente hacia la consolidación de un desarrollo que parta desde lo local.

Con el lema #ShitThePower, la Cumbre se centró en la filantropía local como una forma de trasladar el poder a las comunidades e instituciones locales, para que estas gestionen su propio desarrollo.

“La filantropía comunitaria es una estrategia poderosa para romper la división entre donantes y los llamados ‘beneficiarios’ hacia una idea de conversión donde diferentes actores aportan fortalezas y necesidades a la mesa; una estrategia para el desarrollo local dirigido por personas y una forma concreta de lograr la responsabilidad mutua, la apropiación local y, al final, la sostenibilidad”, reflexionó en el marco de la Cumbre Carola Carazzone, secretaria general de Assifero, la Asociación Nacional de Fundaciones de donaciones italianas.

Según Community Foundation Atlas, la educación, los servicios humanos y sociales, el arte y la cultura, la salud, el medio ambiente, la infancia, los derechos humanos y el desarrollo económico son las causas que más se han movilizado en el mundo gracias a la filantropía comunitaria.

Para Barry Knight y Andrew Milner, lo que hace que la difusión global de las organizaciones filantrópicas comunitarias sea tan emocionante es la variedad de formas que toman, su adaptación a los diferentes contextos locales, así como los desafíos, recursos y líderes que cada una tiene.

Existen similitudes entre estas iniciativas: “todas de alguna manera ayudan a las comunidades a movilizar el capital financiero y de otro tipo para mejorar las vidas de los residentes”. Pero también tienen diferencias que, expresan los investigadores, son fundamentales: “algunas son grandes, otras pequeñas. Algunos se llaman a sí mismas fundaciones comunitarias, otras no”.

Esta diversidad es solo la señal del potencial y la creciente popularidad que tiene la filantropía comunitaria en el mundo y esto, concluyen, trae un gran reto para aquellos que desean comprenderla y apoyarla: “Una práctica tan variada y de rápida evolución, resiste a las conclusiones generales, por lo tanto, es nuestro deber documentarla y estudiarla”.