8 junio 2020 Azai Consultores

MOVILIZAR COMUNIDADES

La historia de Comunidar

La inquietud de una sola persona puede movilizar a toda una comunidad.

Francisco Fernández González ha estado involucrado en temas sociales desde que era un niño. Primero, gracias a su familia que siempre le inculcó el valor de ayudar a los demás y luego, con la iglesia católica que lo hizo sensible a lo que pasaba a su alrededor. Cuando este ingeniero industrial terminó su carrera, tomó la trascendental decisión de hacer un año de apostolado, una experiencia que él describe como “una maestría de la vida” y que lo impulsó a trabajar en organizaciones que tuvieran un impacto positivo en la sociedad y que, a la vez, fueran una plataforma para su profesión. Apasionado por la transformación y la innovación, Francisco es hoy el presidente de la COMUNIDAR, una fundación comunitaria basada en un modelo probado de filantropía estratégica que busca maximizar el impacto de inversionistas sociales en el estado de Nueva León, México.

¿Cómo surgió Comunidar y cuál es su enfoque?

Desde mediados del 2011, un grupo de ciudadanos de Monterrey, que habíamos trabajado en fundaciones y organizaciones con distintos propósitos sociales, coincidimos en que era necesario buscar estrategias para resolver la crisis de inseguridad por la que estaba atravesando la ciudad en ese momento. Pensamos en un tipo de fundación que no solo pudiera transformar la región, sino también evitar que estas problemáticas sociales volvieran a suceder en el futuro. Fue así como en marzo de 2012, gracias a la orientación de Comunalia y el capital semilla aportado por la empresa Frisa, se concretó la fundación de COMUNIDAR, una fundación comunitaria que asesora inversionistas sociales y los conecta con la comunidad.

 

Las Fundaciones comunitarias tienen su origen en Estados Unidos, ¿Cuál fue el reto de traer ese concepto a México?

En México el número de inversionistas sociales es muy reducido. El crecimiento económico en los últimos años había sido notable y aun así, seguían siendo las mismas 10 o 12 familias y empresas las que realizaban acciones de filantropía. El primer reto, naturalmente, ha sido abrirse camino entre los empresarios existentes para demostrar, con casos de éxito en mano, que nuestro trabajo de asesoramiento y acompañamiento sobre el destino de sus inversiones en temas sociales logra asegurar el impacto que buscan. El segundo reto es el de ‘agrandar el pastel’, esto es fomentar la cultura filantrópica en la región, algo en lo que Estados Unidos tiene una fuerte tradición, y aumentar su cantidad de inversionistas sociales.

¿A qué tipo de inversionistas asesora y acompaña Comunidar?

Nosotros asesoramos a  grandes inversionistas pero también a aquellos que apenas están empezando y que, sabemos, su impacto no necesariamente va a ser tan grande. Y lo hacemos porque, como dije antes, en ese propósito de ‘agrandar el pastel’ nuestra razón de ser también busca fomentar una cultura de filantropía. Creemos que ese es un proceso de madurez que tiene que irse dando.

¿Cuál es la lógica detrás del concepto de fundación comunitaria?

Muchas veces las organizaciones globales, que sin duda impactan muchísimo, carecen de sensibilidad local. Las fundaciones comunitarias, por un lado, logran identificar las necesidades elementales de la comunidad, y por otro, tienen esa conexión con los actores locales que a final de cuentas, son los que conocen de primera mano el entorno en el que viven y cuentan con el liderazgo para mover causas sociales dentro de este.

¿Cómo es la relación entre el donante y beneficiado en los procesos de filantropía comunitaria?

De entrada me gusta cambiar los términos y llamarla una relación entre beneficiado y beneficiado porque la realidad es que los dos están necesitados de algo, bien sea de dar o de recibir. A partir de esa premisa de igualdad, y de que ambas partes tienen recursos para aportar que no solamente es dinero, también puede ser talento o tiempo, nosotros buscamos entablar una relación entre el inversionista social y la comunidad.

¿Cuál es la relevancia de las fundaciones comunitarias en el contexto latinoamericano?

Nuestra región vive una gran disparidad socioeconómica y creo que esa es la razón principal que justifica la existencia y multiplicación de las fundaciones comunitarias en Latinoamérica. Pero también existe un tema y es que, como región, tenemos un porcentaje muy bajo de participación ciudadana y eso nos ha debilitado. Entonces, el papel de las fundaciones comunitarias es fomentar, provocar, “picar costillas” como decimos en México, para que todos tomemos conciencia de las fortalezas que tenemos y de nuestro deber de contribuir a la transformación de la sociedad. Cada uno de nosotros podemos hacer algo, solo hay que mirar más allá de metro cuadrado en el que permanecemos. La inquietud de una sola persona puede movilizar a toda una comunidad.